viernes, 18 de diciembre de 2009

BALANCE 2009 - Capítulo I

Desde ya, no es el concepto más feliz, al menos para alguien que se jacta de aborrecer la contabilidad pero, a falta de uno mejor, sirve para entender la idea.

Que, en este caso, dado el espíritu esperanzado, solidario, en fin, pelotudo, que nos une e iguala un poco a todos, no será enteramente pesimista, sino que buscará coincidir y conciliar un poco con ese imaginario colectivo de fraternidad y renacimiento.

Empezaré conmigo misma, apuntando, por supuesto, a una mínima identificación, para que no se aburran como ostras, mientras me hacen el favor…

Generalmente me sucede que el optimismo que se apodera de mi mente durante las fiestas, más que nada en el brindis de año nuevo, se estrella contra la realidad adversa el 2 o 3 de enero.

Pero esta vez, fue algo diferente, debo rescatar sucesos favorables, algunos frutos del mérito propio, otros, simples consecuencias del azar: como comentaba unos días atrás, haber logrado licenciarme, conseguir un laburo afín a mis intereses (además de una entrada económica extra), no haber ahorcado a mi novio, que sigan vivos el potus y Camilo (el primero no sé si por mérito o por azar, pero dejémoslo en esta sección; el segundo porque llegó a casa tocando el arpa), son sucesos dignos de cierta alegría. También hay que resaltar que durante este año no se murió ningún pariente (al menos que yo lo recuerde mientras escribo, aunque sí hay un par medio al horno), no hubo embarazos no deseados, divorcios o peleas a muerte en la familia. All Boys terminó cuarto en la tabla, salió campeón Banfield, el campo no derrocó al gobierno… y paro porque tanta bonanza me asquea.

O sea, podría dejarme arrastrar por el aura festiva y sentenciar, lisa y llanamente, que el 2009 no debería terminarse…

Pero, la verdad tiene su lado oscuro (o su lado blando, mejor dicho): haciendo mi orgullo, y hasta mi dignidad a un lado, el último año 00 también me jugó sus malas pasadas. Digamos que mis estrías se multiplicaron proporcionalmente a las horas que sumé de gimnasio, mi neurosis al tiempo que sumé de trabajo y –por supuesto- resté al sexo, mis arrugas al aumento de mi neurosis… de hecho, creo que lo único que disminuyó fue la cantidad de pelo (cuya decadencia podría ser mayor considerando los litros de decolorante que debo llevar usados). Y no quiero entrar más en detalles tan superficiales como relevantes, pero debo agregar a la lista el incremento de mis problemas de salud (de toda índole y color), de mi peso, obviamente, que en promedio es de 1 kilo por año, de la celulitis, que parece hacerse cargo de manifestar todos mis malos hábitos…

En fin, aún no voy a sucumbir a esbozar conclusiones, porque me quedan otros ámbitos por evaluar (soy egocéntrica, pero trato de evitarlo, de vez en cuando), pero sí me permito intuir –no todavía pensar- que, en realidad, no es que las cosas mejoren, sino que nosotros nos vamos acostumbrando a que estén cada vez más como el orto (como el orto después de los 27) y a conformarnos cada vez con más…

(con más años, más estrés, más kilos, etc, etc, etc.)

domingo, 6 de diciembre de 2009

A veces

Me muerdo los labios,
ahogo los gritos,
suspendo palabras,
escojo eufemismos.
Respeto mentiras,
deshecho verdades,
soporto vergüenzas,
que me hacen culpable.
Me cruzo de brazos,
me lleno de miedos,
delineo palabras,
en las que no creo.
Reservo caricias,
solapo emociones,
regalo sonrisas,
que son lagrimones…
Y a veces, tan solo,
me hecho a la suerte,
libero las riendas,
enfrento la muerte.
Y tomo coraje,
y lleno mi pecho,
y entrego mi sangre,
y lloro mis miedos.
Exijo justicia,
no mido mis sueños,
no voy tan de prisa,
disfruto, me entrego.
A veces, tan solo,
me quedo en silencio
y siento la vida
que habita mi cuerpo...

domingo, 29 de noviembre de 2009

DOMINGO, Mujeres en

Qué linda la primavera! Qué bueno el domingo! La verdad que esperar toda la semana para tomar sol, hacer vida al aire libre y encontrarse con días de este estilo es una de esas ironías del destino que me parecen obra del mismísimo Satanás…
No me vengan con el consuelo de la “cucharita” porque está lleno de solteras sin back up o, en su defecto, de novios adictos al fútbol (en este preciso instante tengo a un espécimen de esos comiéndose las uñas por el partido del Barcelona – Real Madrid!) que ante una mujer cariñosa, miran con desconcierto y hasta desagrado, indicando –sin pronunciar palabra- que ya sabemos que un domingo no somos diferentes a un florero!
Para lo único que sirven estos días es para favorecer una ingesta indiscriminada de calorías que terminan en atracones espantosos, cuando no directamente en un ataque al hígado y en promesas de dieta para los lunes por venir, que nunca llegan a buen puerto.
En realidad, me iría de shopping, a un spa, a la peluquería, a hacer esas cosas verdaderamente reconfortantes y productivas, pero estamos a fin de mes y, aunque insista en revisar mi cuenta de home banking, la muy desgraciada no deja de mostrarme dígitos distintos al 0, sólo después de la coma (,).
Durkheim lo dijo claramente: la mayor cantidad de suicidios se producen los domingos. Y yo agrego que un día como hoy, no suicidarse es un claro síntoma de optimismo y templanza…

lunes, 23 de noviembre de 2009

Los 31

Si los 30 fueron un baldazo de agua fría, no creo que los 31 sean menos refrescantes.
Cualquiera que tenga cierta noción de mi vida actual me dirá "no tenés de qué quejarte". Lo sé, tengo trabajo estable, tengo un trabajo nuevo, me recibo, tengo novio, perro y algunos amigos.
Pero el asunto no está en la cantidad, sino en la calidad.
Por ejemplo, mi trabajo estable es una reverenda cagada: aburrido, rutinario, malpago y encima un cotolengo de especímenes del estilo de la empleada pública de Gasalla.
Con mi nuevo trabajo siento más presiones que un adolescente a punto de concretar su primera vez. Entiendo la mitad de las cosas y para rematarla, estoy "a prueba".
Bueno, pero me recibo! sí, voy a ser Licenciada en unos días! El problema es que tuve la deplorable idea, en uno de esos momentos de evaluación existencial, de dejar Derecho para estudiar ... COMUNICACIÓN!!! Es decir, me condené solita a cagarme de hambre... con lo que me gusta comer...
Mi novio, bué... mi novio lee el blog. Así que él es lo único infinitamente placentero y reconfortante que tengo en esta vida.
Mi perro, un adorable mestizo que rescaté de la calle, me está saliendo más caro que si me compraba un Moloso importado directamente de Europa. Tiene de todo, incluida una infección en la uretra, el señorito. 60 mangos de análisis, 90 de ecografía, 200 para castrarlo, se nota que no tiene idea de lo que yo gano...
Y algunos amigos, sí, que son los que decretan que yo debería estar feliz...
Resumiendo, "estoy jodida y radiante, quizás más lo primero que lo segundo" como decía Benedetti.
Así que, por lo pronto, el próximo 8 de diciembre, día en que cumplo 31 años (cualquier chiste obvio ya no tiene gracia) decididamente voy a ahogar las penas. Voy a maltratar un poco más mi hígado para no maltratar más mi cabeza y voy a evitar balances pelotudos que siempre me dan por resultados más "pérdidas" que "ganancias".


viernes, 9 de octubre de 2009

Los 30 y alrededores

Estoy indignada. Hoy llegué al gimnasio y me encontré con unas pendejas en uniforme de colegio caminando en la cinta cual si anduvieran de paseo viendo vidrieras, con unos cuerpos despampanantes.
Advertí que por más que me mate haciendo glúteos, ya NUNCA tendré la cola que tenía a los 18. La cara más redonda, pero con la piel tersa y sin huellas del estrés y la mala sangre de un adulto con responsabilidades.
Encima ahora las nenas tienen onda y desparpajo. Yo era una acomplejada que no salía a la calle sin algo atado a la cintura y ellas van por la vida con una polleras que parecen cinturones.
Digamos que tampoco soy un escracho. Pero con vestidos cortos me siento una vieja ridícula y con prendas largas, por demás de avenjentada.
Yo había leído en varios lugares que a los 30 la mujer comienza a vivir su plenitud. Eso lo habrán decretado a fuerza de marketing los centros de estética, gimnasios y demás lugares por el estilo. Cuya clientela somos las mujeres que empezamos a sentirnos baqueteadas pero aún dentro del mercado.
Claro que con lo que salen los tratamientos, se complica sobremanera.
Y no me vengan con eso de la vida saludable, que en todo caso es una verdad a medias. La realidad es que queremos permanecer dentro de los cánones de belleza, imperativos categóricos para poder vestirse a la moda o gustarle a los panzones de treinta y pico…

Repito: estoy indignada y, por supuesto, algo deprimida. Se me ocurren dos ideas (pero desde ya estoy abierta a otras): o los gimnasios, bares, plazas y demás espacios de esparcimiento ponen horarios restringidos para menores de 25 años y de 55 kilos o nos juntamos en una noble causa y, en vez de tomar facultades o cortar calles por los desempleados, la educación o la pobreza, tomamos Iobella, Slim, etc. y hacemos la revolución: ¡belleza, juventud y piel de durazno para todas!

lunes, 5 de octubre de 2009

Carlos Alberto, la Negra y yo (escrito el sábado 3 de octubre)

Carlos Alberto trata de contener las lágrimas que le hacen temblar las pupilas mientras me cuenta la vez que conoció a Mercedes Sosa, cuando él era cocinero en Los dos Chinos y ella almorzó allí con León Gieco.
De fondo se escucha la voz de Bravo en Continental hablando del estado de salud de la Negra.
Yo le cuento que a mi también me pone triste porque ella me recuerda mucho a mi niñez, cada vez menos nítida y más inventada.
Mientras le escruto los pómulos oscurecidos por el sol de la Plaza Houssay, intento dilucidar cuántos años menos tiene de los que su cuerpo maltratado representa.
Pero de a poco, mientras le damos de comer a su perro (el Negro) él me va brindando pautas.
Hace años que duerme en la calle, que vive de lo que le da la gente, que está sólo (bueno, hace 5 meses tiene al Negro que lo cuida con una devoción impactante). Está enfermo y ya no hay nada por hacer, pero su mayor preocupación es qué va a pasar con su perro cuando él no esté.
Me convida unos mates y, mientras tanto, me cuenta de su infancia en Entre Ríos, de por qué no tiene a nadie, de cuando no pudo pagar más la pieza de la pensión en Congreso, de la abuela que lo cuidó. En fin, de una vida muy semejante a la de muchos de nosotros…
Cuando vuelvo a casa enciendo la radio (sintonizada siempre en Continental) y escucho de nuevo palabras desesperanzadas sobre la Negra. Me sube una angustia muy honda desde el pecho, que pronto se transforma en un llanto incontrolable.
No lloro por ella ni por él. Es, probablemente, por lo poco y por lo mucho que tengo de cada uno de ellos…

domingo, 27 de septiembre de 2009

Zaping

Ayer tomé la mala decisión de pasar del partido de San Lorenzo- Tigre a los 100 programas de Zaping. Había alquilado una interesante película épica rusa, “1612”, pero la inercia de la sobremesa derivó en una panzada de cholulaje subdesarrollado.
Juro que no tenía idea de quién es Zulma Lobato, Silvina no sé cuanto (novia del reconocido Matías Alé) o de los no-embarazos de Nazarena, de la pelea de Rocío Marengo con Zofovich y demás cuestiones trascendentales para la humanidad. Y, honestamente, hubiera preferido continuar en la ignorancia.
Para colmo de males, hace uno días estuve estudiando sobre la cultura de las clases populares (Foucault, Bourdieu, De Certau y demás desagraciados), la distinción entre lo que producen y lo que las cases hegemónicas les imponen como modo de reproducir las condiciones sociales de producción. Terrible! Lentamente, sentía una sensación de asqueo en el estómago y de embotamiento cerebral que me clarificaron en unos instantes los retorcidos razonamientos de semejantes pensadores.
Mientras mi amorcito asentía a mi disertación sobre la mierda que consumimos indiscriminadamente y se le salían los ojos con tantos culos y tetas que alcanzarían para pagar la deuda externa de todos los países de África, yo sucumbía a la omnipotencia y sacaba conclusiones, como siempre poco esperanzadas…
¿Somos víctimas de un sistema que nos maneja cual marionetas desde los medios, la economía, el poder político, etc. o nos gusta revolcarnos en la mierda –a conciencia y voluntad- para luego poder decir, con orgullo y comodidad, lo mal que la mierda huele?

p/d: para mí la respuesta es: “las dos cosas”. Pero en el primer caso lo “justifico” en la imposibilidad de ciertos sectores de “elegir” por diversas carencias, en el segundo es injustificable.